¿Es la obesidad una enfermedad o un factor de riesgo? Es bien conocido que la obesidad incrementa el riesgo de muchas condiciones: hipertensión arterial, hígado graso, resistencia a la insulina, prediabetes, diabetes, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, artrosis, apneas del sueño, trombosis venosa, y varios tipos de cáncer. Todas estas (y otras) se denominan condiciones o complicaciones asociadas a la obesidad. Además, la obesidad puede generar distinto grado de afectación a las actividades cotidianas, que pueden ir desde un grado leve (como un ligero dolor en las rodillas) hasta ser incapacitante (no poder salir de la casa o no poder vestirse sin ayuda).
La discusión de si la obesidad es una enfermedad en sí misma, o una condición que predispone a otras enfermedades, se da hace muchos años, y tiene argumentos a favor y en contra para cada postura. Muchas sociedades científicas, e incluso la Organización Mundial de la Salud, reconocen que la obesidad es una enfermedad, pero esto hay que tomarlo con varios matices: existen muchas personas que viven con obesidad pero no tienen ninguna de las complicaciones asociadas que mencionamos más arriba, tienen buenos hábitos de estilo de vida, se sienten bien y son perfectamente funcionales en su vida cotidiana. ¿Qué hay de ellas? ¿Están enfermas?
Existen muchas personas que viven con obesidad y no presentan ninguna de estas condiciones. ¿Qué hay de ellas? ¿Están enfermas?
Obesidad metabólicamente sana
Los estudios científicos nos dicen que las personas con obesidad pero metabólicamente sanas, suelen desarrollar alteraciones a medida que pasa el tiempo. Es decir, la evidencia indica que la “obesidad metabólicamente saludable” sería un estado transitorio, que eventualmente suele generar al menos alguno de los problemas que describimos anteriormente. Es por ello que hoy intentamos abordar precozmente a la obesidad, para evitar el desarrollo de factores de riesgo que pueden convertirse en enfermedades.
No obstante, debemos tener cuidado. La salud no es una cuestión binaria (nadie está absolutamente sano ni absolutamente enfermo). Existen personas que viven con obesidad, se sienten estupendamente, no tienen ninguna enfermedad asociada, son activas y vitales. Por otra parte, también existen personas delgadas con enfermedades, malestar y limitaciones funcionales. Es decir: sería incorrecto asumir que una persona con obesidad es automáticamente menos saludable que una persona delgada.
Sería incorrecto asumir que una persona con obesidad es automáticamente menos saludable que una persona delgada.
Es hora de un enfoque integral y basado en evidencia
Se debe evitar un enfoque centrado en el peso a la hora de abordar a la obesidad (el llamado “pesocentrismo”). Un enfoque pesocentrista lleva frecuentemente a medidas extremas para bajar de peso (como dietas muy restrictivas) y a no considerar otros factores claves para la salud, como la adecuación nutricional, la salud mental, el vínculo con la comida y con el propio cuerpo, y el bienestar en general. El abordaje de la obesidad basado en evidencia siempre debe ser integral, centrado en la persona en su totalidad.
Cuando el descenso de peso se realiza con un enfoque integral, centrado en la persona, y con foco en el estilo de vida y el uso racional y adecuado de fármacos, los resultados son mucho mejores no solo en la magnitud del descenso de peso, sino en su sostenibilidad y su impacto positivo en la salud como un todo: perfil de riesgo cardiovascular, composición corporal, salud mental, construcción de autonomía y de una longevidad saludable a largo plazo.
Dr. Ariel Kraselnik
Cardiólogo MN 149924 MP 26170
